8/04/2012

Namasté


Desde hace unos años (si, ya es en plural) a parte de la serie de quejas, sufrimientos, y cosas que se ha calado este blog, también comencé a practicar Yoga. Culpo a la práctica por la falta de entradas (es en serio) y les explico porqué:

Los seres humanos tenemos una joya la cual llamamos 'cabeza', es decir, la Mente. Ubicamos nuestros pensamientos con nuestra cabeza porque asumimos que es nuestro cerebro el que hace todo ese despelote de pensamientos, repeticiones, miedos etc... sin separar el intelecto del asunto. Es una terrible revolcadera de pensamientos con cosas impartidas, escuchadas, enseñadas y reprochadas. Desde que antes de nacer, somos torturados de la misma manera que fueron torturados nuestros padres: con las palabras erradas, con los pensamientos equivocados. Esos pensamientos que nos atormentan, no son nuestros. No lo son. 

'Cuidado con el hueco'
'No pongas la cartera en el piso'
'Si no comes no vas a crecer'
'El sol de las 12 es el peor'
'Tu hermana se porta mejor que tú'
‘No pases debajo de la escalera es mala suerte’

La Mente nos hace prisioneros. La Mente nos domina la mayoría del tiempo. La Mente es aquella que nos hace llorar de dolor sin tener un motivo. La Mente no nos deja ser. El proceso de callarle la boca a la Mente no es del todo fácil y considero que no se logra únicamente con la práctica de Yoga. Tener la mente silenciosa, calmada, transparente solo se logra dándose cuenta que esa programación no es propia sino adquirida. Darle calma a la mente a veces requiere que caigamos en la peor opresión por su causa. Para reconocer la luz, es necesario estar en oscuridad. Es en los más fuertes estados de pesar que se realinea nuestra visión. No por obviar que personas brillantes hayan pasado por momentos de extremo dolor. Es por eso que dejé de venir a quejarme aquí.

La práctica de Yoga, tiene como fin último lograr el Samadhi, o la iluminación. El estado más pleno espiritualmente. Pero el Yoga como todos lo imaginan, eso de unas lycras un mat y andarse estirando en posturas que ni de vaina, no lo es todo.

Hay varios paradigmas que rodean la práctica de Yoga:


-       Es anti religioso/católico/cristiano/islámico: el cura de mi colegio estuvo una misa entera hablando del mal del Yoga en la sociedad y de cómo era un placebo para obviar el camino de Dios. Ni que en la práctica fueses a rezarle a otro Dios o a jugar alguna cosa diabólica.
-       Solo para gente fit: ah claro, y para ponerse fit hay que meterse en un gimnasio para luego hacer Yoga. No. La práctica hace la perfección. No hay motivación más arrecha que tener a una señora de la edad de tu abuela conquistando Asanas (posturas) que tu a los 20 no puedes hacer. Eso es enseñar constancia, tolerancia y dejar a un lado los prejuicios.
-      Yoga es ejercicio físico: si quieres practicar solo el ejercicio físico. Patanjali (el padre del Yoga) estableció 8 pasos para el Yoga, y uno solo es la práctica física.
-       Es de hippies. No voy ni a discutir esto. Paz y amor. 

Cesar el conflicto interno, suprimir el ego, el deseo, y el dominio de los sentidos son una de las tantas bondades del Yoga. En una actualidad donde todos quieren ver más, probar más, tocar más, saciar más; sentir se convirtió en una prioridad con el fin último de ser mejor que los demás en vez que hacer que seamos mejores con nosotros mismos. La mayor satisfacción es haberse conquistado uno mismo. Sonreír hacia adentro es la única satisfacción. De ahí el exceso de conflicto que rodea el mundo: unos tratando de conquistar a otros si haberse conquistado ellos mismos primero. El Yoga es una manera de conquistarse. No por azar los músicos, seres más sensibles, dan tanto bien a las personas.

Mi práctica de Yoga la quise llevar al nivel de poder iniciar a otros en la misma, y convertirme en profesora de Yoga. En resumidas cuentas, considero que tenía muy poco tiempo practicando para ya tener una crisis sobre el Yoga. Me comencé a preguntar ¿por qué practicaba? ¿para qué lo hacía? Y en un conflicto entre estilos y técnicas, le agarré aversión a la metodología de enseñanza. Fui yo contra mi. Pero en un retiro de un fin de semana, me calmé. Aquieté mi mente que sin ser tan evidente, estaba buscándome pelea y me dijeal ritmo de los Beatles: Let It Be.

Por 2 días y 2 noches, escuché el silencio. Caracas no es tan silenciosa como parece. ¿No se han dado cuenta que cuando se va la luz se calla todo? Escuchamos aires acondicionados, neveras, alternadores, de todo sin saber. En ese silencio la conexión se hace más fuerte, porque tienes más espacio para escuchar tu corazón latir y tu ser respirar. Caminé y bailé al ritmo del tambor sobre la grama. A lo tribal. Como mis primeros abuelos, primitivos. Me senté en silencio por horas, a solo ser. La mayor preocupación era cumplir con el horario de las actividades, pero era imposible estar tarde. Luego te preocupabas por tu relación con los demás y sentirte bien, hasta que luego ya no te preocupabas más.

En este retiro me di cuenta que hay más y más personas como uno, y la razón se debe a que la esencia es la misma. Y cuando el autobús te regresa, Caracas te vuelve a enamorar. Te sientes extraño, porque cambiaste. No eres el mismo que dejo esto atrás. Lo ves distinto, porque eres distinto. La luz brilla distinto, los colores son más bonitos pero siempre habían sido así solo que no lo habías visto. Tu mente no te había dejado. Mi mente no me había dejado.

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