Desde hace unos años (si, ya es en plural) a parte de la serie de
quejas, sufrimientos, y cosas que se ha calado este blog, también comencé a
practicar Yoga. Culpo a la práctica por la falta de entradas (es en serio) y
les explico porqué:
Los
seres humanos tenemos una joya la
cual llamamos 'cabeza', es decir, la Mente. Ubicamos nuestros pensamientos con
nuestra cabeza porque asumimos que es nuestro cerebro el que hace todo ese
despelote de pensamientos, repeticiones, miedos etc... sin separar el intelecto
del asunto. Es una terrible revolcadera de pensamientos con cosas impartidas,
escuchadas, enseñadas y reprochadas. Desde que antes de nacer, somos
torturados de la misma manera que fueron torturados nuestros padres: con las
palabras erradas, con los pensamientos
equivocados. Esos pensamientos que
nos atormentan, no son nuestros. No lo son.
'Cuidado con el hueco'
'No pongas la cartera en el piso'
'Si no comes no vas a crecer'
'El sol de las 12 es el peor'
'Tu hermana se porta mejor que tú'
‘No pases debajo de la escalera es mala suerte’
La
Mente nos hace prisioneros. La Mente nos domina la mayoría del tiempo. La Mente
es aquella que nos hace llorar de dolor sin tener un motivo. La Mente no
nos deja ser. El proceso de callarle la boca a la Mente no es del todo fácil y considero
que no se logra únicamente con la práctica de Yoga. Tener la mente
silenciosa, calmada, transparente solo se logra dándose cuenta que esa programación no es propia sino
adquirida. Darle calma a la mente a veces requiere que caigamos en la peor
opresión por su causa. Para reconocer la luz, es necesario estar en oscuridad.
Es en los más fuertes estados de pesar que se realinea nuestra visión. No por
obviar que personas brillantes hayan pasado por momentos de extremo dolor. Es por eso que dejé de venir a quejarme aquí.
La
práctica de Yoga, tiene como fin último lograr el Samadhi, o la iluminación. El
estado más pleno espiritualmente. Pero el Yoga como todos lo imaginan, eso de
unas lycras un mat y andarse estirando en posturas que ni de vaina, no lo es todo.
Hay
varios paradigmas que rodean la práctica de Yoga:
-
Es anti religioso/católico/cristiano/islámico: el cura de mi colegio
estuvo una misa entera hablando del mal del Yoga en la sociedad y de cómo era
un placebo para obviar el camino de Dios. Ni que en la práctica fueses a rezarle
a otro Dios o a jugar alguna cosa diabólica.
-
Solo para gente fit: ah
claro, y para ponerse fit hay que
meterse en un gimnasio para luego hacer Yoga. No. La práctica hace la
perfección. No hay motivación más arrecha que tener a una señora de la edad de
tu abuela conquistando Asanas (posturas) que tu a los 20 no puedes hacer. Eso
es enseñar constancia, tolerancia y dejar a un lado los prejuicios.
- Yoga es ejercicio físico: si quieres practicar solo el ejercicio
físico. Patanjali (el padre del Yoga) estableció 8 pasos para el Yoga, y uno
solo es la práctica física.
-
Es de hippies. No voy ni a discutir esto. Paz y amor.
Cesar
el conflicto interno, suprimir el ego, el deseo, y el dominio de los sentidos
son una de las tantas bondades del Yoga. En una actualidad donde todos quieren
ver más, probar más, tocar más, saciar más; sentir se convirtió en una
prioridad con el fin último de ser mejor que los demás en vez que hacer que seamos
mejores con nosotros mismos. La mayor satisfacción es haberse conquistado uno
mismo. Sonreír hacia adentro es la única satisfacción. De ahí el exceso de conflicto que rodea el
mundo: unos tratando de conquistar a otros si haberse conquistado ellos mismos
primero. El Yoga es una manera de conquistarse. No por azar los músicos, seres más sensibles, dan tanto bien a las personas.
Mi práctica
de Yoga la quise llevar al nivel de poder iniciar a otros en la misma, y
convertirme en profesora de Yoga. En
resumidas cuentas, considero que tenía muy poco tiempo practicando para ya
tener una crisis sobre el Yoga. Me comencé a preguntar ¿por qué practicaba?
¿para qué lo hacía? Y en un conflicto entre estilos y técnicas, le agarré
aversión a la metodología de enseñanza. Fui yo contra mi. Pero en un retiro de
un fin de semana, me calmé. Aquieté mi mente que sin ser tan evidente, estaba
buscándome pelea y me dijeal ritmo de los Beatles: Let It Be.
Por 2
días y 2 noches, escuché el silencio. Caracas no es tan silenciosa como parece.
¿No se han dado cuenta que cuando se va la luz se calla todo? Escuchamos aires
acondicionados, neveras, alternadores, de todo sin saber. En ese silencio la
conexión se hace más fuerte, porque tienes más espacio para escuchar tu corazón
latir y tu ser respirar. Caminé y bailé al ritmo del tambor sobre la grama. A
lo tribal. Como mis primeros abuelos, primitivos. Me senté en silencio por
horas, a solo ser. La mayor preocupación era cumplir con el horario de las
actividades, pero era imposible estar tarde. Luego te preocupabas por tu relación
con los demás y sentirte bien, hasta que luego ya no te preocupabas más.
En
este retiro me di cuenta que hay más y más personas como uno, y la razón se
debe a que la esencia es la misma. Y cuando el autobús te regresa, Caracas te
vuelve a enamorar. Te sientes extraño, porque cambiaste. No eres el mismo que
dejo esto atrás. Lo ves distinto, porque eres distinto. La luz brilla distinto, los colores son más bonitos pero siempre habían sido así
solo que no lo habías visto. Tu mente no te había dejado. Mi mente no me había
dejado.
