4/08/2012


Voy y me hago las manos y los pies. Me dedico hasta por escoger un color que no me haya puesto antes. Le doy propina a quien me atiende. Me baño, me arreglo las cejas, me seco el pelo. Ordeno mi cuarto y preparo todo. Hago todo esto para mañana al levantarme y verme al espejo, sienta un poco menos de pena sobre mi persona. Hago todo esto para no sentirme un tanto deplorable sobre mi opinión personal sobre mi persona.

Me acorralan a la serie de preguntas fantásticas, como si se tratara de las preguntas de la casa del MegaMatch. Cada pregunta permite abrir la puerta a la siguiente, y consigo los premios. Cada pregunta destroza más mi integridad y me empuja a continuar humillándome. Las preguntas comienzan así:
¿A qué quieres dedicarte? ¿Vales la pena para dedicarte a eso? ¿En qué eres realmente buena? ¿Cuál sin duda es tu talento en esta vida? ¿Qué haces mejor que nadie y eres capaz de darlo todo por ello? ¿Crees definitivamente que eres talentosa para eso? ¿Sin errores? ¿Crees que no hay persona mejor que tu en ello? ¿Por qué no mejor otro talento...? ¿Qué pasa, ese tampoco es el correcto? ¿Y a qué te dedicas actualmente? ¿En qué estás trabajando? Ah si, y ¿Qué logras ahí? ¿Qué logras con eso? 

Es como si mi peor parte se sentara frente a mi, con brazos cruzados, labios desafiantes y luciendo igual que yo. Mi peor parte se sienta a caerme a preguntas. Así, como lo escribí allí arriba. Mi peor parte me arrastra aquí y me hace concluir que debo humillarme para ser mejor, o al menos para ser. Mi peor parte me recuerda la caja de antidepresivos, la crueldad de la vida, y la maldad del momento. Mi peor parte ni siquiera disfruta de hacer esto. 

Antes me hubiese aferrado a señales y banalidades, lo sé, porque he escrito exactamente lo mismo en otros momentos. Ahora no lo hago. Ahora intento razonarlo. Popper decía que la honradez intelectual se basa en reconocer los errores, la fiabilidad que uno posee y la ignorancia. Concluye entonces que trato siempre de ser de fiar aunque el ego me nuble ser honrada y cometa el error de no admitir mi ignorancia ante temas cruciales, llevándome así a sentarme frente a mi peor parte y tener esta pequeña conversación. 

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