8/04/2011

Lecciones desde Ruanda

Este post no es una excusa a mi ausencia, es más como la causa explicada.

Desde Enero de este año, y hasta hace 18 días (casi), mi vida se detuvo casi por completo para satisfacer una meta que excedía todos los límites anteriores. Por más de 5 meses solo un tema movía mi vida y hacía que todo se relacionara a esto; por más de 5 meses el Genocidio en Ruanda no dejó de estar presente. Todo comenzó cuando le di la mano a Paul Rusesabagina, quien minutos antes había mencionado ante la audiencia "Silence is a form of agreement, and with words we can kill" bastó esto para engancharme en una investigación que más que trasnochos, me dió pesadillas. 

Durante 100 días, una pequeña nación sin salida al mar y constituída por 8 millones de habitantes, vivenció un sistemático Genocidio llevado a cabo por las palabras. La emisora Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, o RTLM, se encargó de vaciar toda sensatez en la población y llenarlo con alientos de violencia que buscaban una justicia inexistente. Durante los meses previos y semanas después de los 100 días del Genocidio, la conciencia colectiva sonaba bajo las voces de Kantano Habimana, Noel Hitimana y Valerie Bemeriki; los locutores que dominaban el espacio radial de la misma manera que el aire domina nuestros pulmones. Sus voces se encontraban inminentes, cazadoras, retumbaban. Cazaban a los débiles con una velocidad hambrienta. Las palabras tenían el poder de matar, primero al asesino y luego de apoderarse de él, a sus víctimas. La tierra de las mil colinas se llenó de demonios que con machetes perpretaron más que asesinatos, rasgaron de toda calma el futuro de este país. 

800.000 víctimas fue el saldo contabilizable, pero el daño fue muchísimo mayor. Se comenta que hoy en día, toda persona en Ruanda tiene algún conocido, familiar o amigo que pereció en el filo de las palabras. 
El caso de Ruanda es un ejemplo excepcional que hasta los momentos no encuentro comparación (y espero tampoco exista algo parecido), sin embargo no todo está perdido -nunca-. Long story short, el poder de las palabras excede la instantaneidad de su acción y recae en la consecuente resonancia de su intención. Hablar es actuar, y detrás de los resultados de las palabras, se ve la intención de las mismas.  

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