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| Ivan Terestchenko Photo |
Yo aprendí a quitarle expectativas a las cosas (y a las personas), sin embargo, no dejé de mantener a compostura mínima previa ante los eventos. Si hacía falta vestirse así, tenía que hacerlo. Si hacía falta maquillarse, hablar y decir las cosas así, pues sigamos en el asunto. No me molestaba, es más, era como un juego. Vamos a jugar a ser tu alter ego. Alguna actriz de cine, perhaps alguien que sea objeto de adoración y admiración. Se abre la primera ronda, juegas sin saber quién ganará pero con una convicción de vencer tan fuerte como la intención de ganarte. Lo casual, lo sencillo, las frases completadas en un resorte finalizado en sonrisa. La información básica, la innecesaria, la interpretable. (Los 7 años de diferencia, el 7 de su cumpleaños, la noción de conocerse) La partida continúa, un par de canciones, otras más tarde, un descanso. Llega la hora de ver el puntaje; una caricia que lo asombra y un silencio acompañado de mirada sólida como respuesta. Otra en mi lugar hubiese caído hacía rato. Aquí no había desvalidez, entrega, o inseguridad. Habían ganas, ganas de ser admirada, ganas de comportarse como su musa, ganas de dejarlo mal o como quedase, pues no importaba él, importaba yo. Importaba como la intensidad de su sed, sus intentos por llegar a otro nivel y sus cortejos sencillos me hacían sentir. Importaba mi imponencia, mi 'no-hacer-nada' que hacía mucho en su mundo. Importaba yo y él lo sabía. Era la hora de invertir los roles; ahora quien quedaría malpegado sería el, no yo. It takes two to Tango. La soledad es responsabilidad de dos, de quien no se acerca y de quien no deja que se le acerquen. Última partida, todos los puntos a tu favor y el en deuda. Finaliza el juego y con esto es que te das cuenta, que no eres quien creías. Eres en verdad la actriz, la musa y la diosa que jugaban con un mortal hombre.