Tenía tiempo sin que alguien me sorprendiera. La verdad, jamás habías logrado ese efecto en mi y bastante que me impactas. Creo que te di 3 veces las gracias, quizás 4. Gracias por haberme sorprendido. Gracias por haberme llamado. Tu voz por el teléfono suena más reconfortante que en cualquier otro medio. Te acerca. Te hace más real que lejano. Me recuerda cuando la cola se acababa y no podía escrbirte. Te llamaba. Y hasta te llamaba en cola también. Hablábamos pajuateces, pero oía tu voz. Eso contaba. Contaba para mi. Y fue justamente un seis cuando por un impulso pensado, te dejé pensando o te dejé sin pensar. Sintiéndome culpable en un mínimo, pues el máximo lo había obtenido de ti. De tu regreso. De tu feedback. De tu ingenuidad. Con esa sencilleza que perfora las capas de impaciencia, haces que me de cuenta de lo cándido que es vivir a tu manera. Que tu abrazo acompañado de las luces de Caracas no sea sustituído jamás en mi memoria. No quiero que mi ego se interponga aquí, pero no quiero disculparme. Me rehúso a obviar lo dicho. Duele hablarte sin saber tu regreso. Sin saber cuándo te volveré a ver. Creo que entiendo más el sentimiento cuando hay distancia por medio y es más difícil dejarlo al azar ...y aún así. Aún así terminaste inspirándome.
12/06/2012
8/04/2012
Namasté
Desde hace unos años (si, ya es en plural) a parte de la serie de
quejas, sufrimientos, y cosas que se ha calado este blog, también comencé a
practicar Yoga. Culpo a la práctica por la falta de entradas (es en serio) y
les explico porqué:
Los
seres humanos tenemos una joya la
cual llamamos 'cabeza', es decir, la Mente. Ubicamos nuestros pensamientos con
nuestra cabeza porque asumimos que es nuestro cerebro el que hace todo ese
despelote de pensamientos, repeticiones, miedos etc... sin separar el intelecto
del asunto. Es una terrible revolcadera de pensamientos con cosas impartidas,
escuchadas, enseñadas y reprochadas. Desde que antes de nacer, somos
torturados de la misma manera que fueron torturados nuestros padres: con las
palabras erradas, con los pensamientos
equivocados. Esos pensamientos que
nos atormentan, no son nuestros. No lo son.
'Cuidado con el hueco'
'No pongas la cartera en el piso'
'Si no comes no vas a crecer'
'El sol de las 12 es el peor'
'Tu hermana se porta mejor que tú'
‘No pases debajo de la escalera es mala suerte’
La
Mente nos hace prisioneros. La Mente nos domina la mayoría del tiempo. La Mente
es aquella que nos hace llorar de dolor sin tener un motivo. La Mente no
nos deja ser. El proceso de callarle la boca a la Mente no es del todo fácil y considero
que no se logra únicamente con la práctica de Yoga. Tener la mente
silenciosa, calmada, transparente solo se logra dándose cuenta que esa programación no es propia sino
adquirida. Darle calma a la mente a veces requiere que caigamos en la peor
opresión por su causa. Para reconocer la luz, es necesario estar en oscuridad.
Es en los más fuertes estados de pesar que se realinea nuestra visión. No por
obviar que personas brillantes hayan pasado por momentos de extremo dolor. Es por eso que dejé de venir a quejarme aquí.
La
práctica de Yoga, tiene como fin último lograr el Samadhi, o la iluminación. El
estado más pleno espiritualmente. Pero el Yoga como todos lo imaginan, eso de
unas lycras un mat y andarse estirando en posturas que ni de vaina, no lo es todo.
Hay
varios paradigmas que rodean la práctica de Yoga:
-
Es anti religioso/católico/cristiano/islámico: el cura de mi colegio
estuvo una misa entera hablando del mal del Yoga en la sociedad y de cómo era
un placebo para obviar el camino de Dios. Ni que en la práctica fueses a rezarle
a otro Dios o a jugar alguna cosa diabólica.
-
Solo para gente fit: ah
claro, y para ponerse fit hay que
meterse en un gimnasio para luego hacer Yoga. No. La práctica hace la
perfección. No hay motivación más arrecha que tener a una señora de la edad de
tu abuela conquistando Asanas (posturas) que tu a los 20 no puedes hacer. Eso
es enseñar constancia, tolerancia y dejar a un lado los prejuicios.
- Yoga es ejercicio físico: si quieres practicar solo el ejercicio
físico. Patanjali (el padre del Yoga) estableció 8 pasos para el Yoga, y uno
solo es la práctica física.
-
Es de hippies. No voy ni a discutir esto. Paz y amor.
Cesar
el conflicto interno, suprimir el ego, el deseo, y el dominio de los sentidos
son una de las tantas bondades del Yoga. En una actualidad donde todos quieren
ver más, probar más, tocar más, saciar más; sentir se convirtió en una
prioridad con el fin último de ser mejor que los demás en vez que hacer que seamos
mejores con nosotros mismos. La mayor satisfacción es haberse conquistado uno
mismo. Sonreír hacia adentro es la única satisfacción. De ahí el exceso de conflicto que rodea el
mundo: unos tratando de conquistar a otros si haberse conquistado ellos mismos
primero. El Yoga es una manera de conquistarse. No por azar los músicos, seres más sensibles, dan tanto bien a las personas.
Mi práctica
de Yoga la quise llevar al nivel de poder iniciar a otros en la misma, y
convertirme en profesora de Yoga. En
resumidas cuentas, considero que tenía muy poco tiempo practicando para ya
tener una crisis sobre el Yoga. Me comencé a preguntar ¿por qué practicaba?
¿para qué lo hacía? Y en un conflicto entre estilos y técnicas, le agarré
aversión a la metodología de enseñanza. Fui yo contra mi. Pero en un retiro de
un fin de semana, me calmé. Aquieté mi mente que sin ser tan evidente, estaba
buscándome pelea y me dijeal ritmo de los Beatles: Let It Be.
Por 2
días y 2 noches, escuché el silencio. Caracas no es tan silenciosa como parece.
¿No se han dado cuenta que cuando se va la luz se calla todo? Escuchamos aires
acondicionados, neveras, alternadores, de todo sin saber. En ese silencio la
conexión se hace más fuerte, porque tienes más espacio para escuchar tu corazón
latir y tu ser respirar. Caminé y bailé al ritmo del tambor sobre la grama. A
lo tribal. Como mis primeros abuelos, primitivos. Me senté en silencio por
horas, a solo ser. La mayor preocupación era cumplir con el horario de las
actividades, pero era imposible estar tarde. Luego te preocupabas por tu relación
con los demás y sentirte bien, hasta que luego ya no te preocupabas más.
En
este retiro me di cuenta que hay más y más personas como uno, y la razón se
debe a que la esencia es la misma. Y cuando el autobús te regresa, Caracas te
vuelve a enamorar. Te sientes extraño, porque cambiaste. No eres el mismo que
dejo esto atrás. Lo ves distinto, porque eres distinto. La luz brilla distinto, los colores son más bonitos pero siempre habían sido así
solo que no lo habías visto. Tu mente no te había dejado. Mi mente no me había
dejado.
5/20/2012
¿Qué se siente?
Me pregunto cómo te sientes. A pesar de todo, sigo preocupándome por ti. Lo básico, algo así como lo necesario para sobrevivir. ¿Qué se siente? Quiero saberlo. Quiero saber qué sientes tu, no ella. Tu. De ella lo sé, es algo parecido a lo que yo sentí cuando me enteré que tenías novia. Ella se enteró que tenías otra. Es el sentimiento de roles que juega con esa preocupación. Detesto lo que hiciste, eso de hablar y generarme confianza para luego desvanecerla. Jugar con las ilusiones y los gustos es lo más bajo que hay. Es hasta morboso lo que hiciste, sabiendo que no llegaría a ningún lugar. Detesto que fingieras y sonaras tan auténtico a la vez. Por ti, me cuesta confiar en los demás. Por ti, aprendí que el gustar no puede colocarse por encima de la razón. Pero por ti, sentí el gusto de perderla tanto cuando hablábamos como cuando dejamos de hacerlo.
Me cuesta creer que algún día pueda hablarte con la sinceridad con que lo hice cuando nos conocimos. Me cuesta creer también, que te tomaras tanto tiempo en definir qué estabas haciendo. How could someone so good end up being someone so bad? ¿Qué se siente? Recuérdame, qué se siente.
4/14/2012
El Ladrón de Palabras de Nathalie Minne
De noche, cuando la luna alumbra el camino, el ladrón de palabras sale con todo su equipo y se dirige a la ciudad.
Allí, rastreando las voces y las luces, sin que nadie lo vea, trepa por los tejados.
Comienza la cosecha...
Impulsadas por el calor de los hogares, las palabras se menzclan alegres.
El ladronzuelo las atrapa en las turbulencias del humo que sale de las chimeneas.
Lo que más le gusta son las historias que se cuentan a los niños.
Mira cómo suben despacito y se desvanecen en el silencio de la noche.
Y a veces, se queda dormido.
Luego vuelve a su casa con las alforjas llenas, ansioso por ver su cosecha.
En la cabaña, las palabras se ponen a juguetear y a cantar. Las hay de muchos tipos: saltarinas, tiernas, verdes, extranjeras, muy gordas y rojas de ira, y algunas tan largas que es imposible pronunciarlas...
Las palabras se esconden en los rincones, trepan a los muebles, se cuelgan de la lámpara, se suben por las paredes. Bailan la polca, la salsa, el chachachá y el vals de las mariposas...
La fiesta es todo un éxito, pero, poco a poco, el suelo se cubre de sílabas sueltas.
Las palabras encierran tantos misterios...
El ladrón de palabras, entonces, las clasifica y las mete en tarros de cristal.
Luego prueba algunas recetas: 2 palabras dulces, 3 mojadas, 1 picante y 2 cálidas. Lo mezcla bien y lo lanza todo al aire. Y así, el azar trenza alformbras de alabanzas, teje bufandas de injurias, y tricota calcetines de explicaciones complicadas.
Con un poco de práctica, aprende las cantidades adecuadas.
Consigue inventar historias y se las cuenta a los animales del bosque.
Estos lo escuchan muy atentos pero guardan silencio.
Consigue inventar historias y se las cuenta a los animales del bosque.
Estos lo escuchan muy atentos pero guardan silencio.
Así que decide volver a la ciudad.
Oculto por las sombras, observa a los habitantes iluminados por el resplandor de las lámparas y escucha las palabras que vibran a través de los cristales.
Los niños usan las palabras para hacer reír a sus amigos; los mayores, para acariciar y hacer sonreír a los niños.
Hasta que una noche pasa lo que tenía que pasar.
Alguien le dice:
-¡Buenas noches!
y ¡pum! ¡Catapum! ¡Pim, pam, pum!
El ladrón de palabras se cae al suelo, volando en el aire con todos sus bártulos.
Un niño sale enseguida a ayudarlo a recoger su red y sus palabras.
Entonces, el ladrón de palabras le dice -gracias-.
Lo pronuncia muy bajito porque es a primera vez que lo hace.
A partir de entonces, quedan casi todas las noches.
El ladronzuelo lleva nueces y el niño, caramelos.
En la cabaña resuenan sus risas y sus historias.
Juntos exploran los rincones más secretos del bosque y los mejores escondites de la ciudad.
Un buen día, el ladronzuelo conoce a una niña. Y se queda mudo.
Las palabras que con tanta paciencia ha ido atesorando ahora no le sirven.
Necesita robar otras palabras...
... palabras de amor
4/08/2012
Voy y me hago las manos y los pies. Me dedico hasta por escoger un color que no me haya puesto antes. Le doy propina a quien me atiende. Me baño, me arreglo las cejas, me seco el pelo. Ordeno mi cuarto y preparo todo. Hago todo esto para mañana al levantarme y verme al espejo, sienta un poco menos de pena sobre mi persona. Hago todo esto para no sentirme un tanto deplorable sobre mi opinión personal sobre mi persona.
Me acorralan a la serie de preguntas fantásticas, como si se tratara de las preguntas de la casa del MegaMatch. Cada pregunta permite abrir la puerta a la siguiente, y consigo los premios. Cada pregunta destroza más mi integridad y me empuja a continuar humillándome. Las preguntas comienzan así:
¿A qué quieres dedicarte? ¿Vales la pena para dedicarte a eso? ¿En qué eres realmente buena? ¿Cuál sin duda es tu talento en esta vida? ¿Qué haces mejor que nadie y eres capaz de darlo todo por ello? ¿Crees definitivamente que eres talentosa para eso? ¿Sin errores? ¿Crees que no hay persona mejor que tu en ello? ¿Por qué no mejor otro talento...? ¿Qué pasa, ese tampoco es el correcto? ¿Y a qué te dedicas actualmente? ¿En qué estás trabajando? Ah si, y ¿Qué logras ahí? ¿Qué logras con eso?
Es como si mi peor parte se sentara frente a mi, con brazos cruzados, labios desafiantes y luciendo igual que yo. Mi peor parte se sienta a caerme a preguntas. Así, como lo escribí allí arriba. Mi peor parte me arrastra aquí y me hace concluir que debo humillarme para ser mejor, o al menos para ser. Mi peor parte me recuerda la caja de antidepresivos, la crueldad de la vida, y la maldad del momento. Mi peor parte ni siquiera disfruta de hacer esto.
Antes me hubiese aferrado a señales y banalidades, lo sé, porque he escrito exactamente lo mismo en otros momentos. Ahora no lo hago. Ahora intento razonarlo. Popper decía que la honradez intelectual se basa en reconocer los errores, la fiabilidad que uno posee y la ignorancia. Concluye entonces que trato siempre de ser de fiar aunque el ego me nuble ser honrada y cometa el error de no admitir mi ignorancia ante temas cruciales, llevándome así a sentarme frente a mi peor parte y tener esta pequeña conversación.
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